Continuidad o cambio: la hora de la verdad en la DACA de la UJAT

En la vida de las instituciones hay momentos que definen su rumbo. No son simples trámites administrativos ni ejercicios protocolarios de democracia universitaria; son decisiones que marcan el futuro de generaciones enteras. Hoy, ese momento ha llegado para la División Académica de Ciencias Agropecuarias (DACA) de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT).


Once candidatos buscan dirigir la que es, sin duda, una de las divisiones más estratégicas de la universidad. Pero la pregunta que flota en el ambiente académico y entre la comunidad universitaria es inevitable: ¿habrá continuidad o un verdadero cambio?
La simulación democrática no puede repetirse
La contienda por la dirección de la DACA no puede convertirse en un espectáculo de simulación democrática, donde las decisiones se toman previamente en oficinas cerradas y la consulta universitaria se reduce a un ritual vacío.


La comunidad universitaria exige algo elemental: que el nuevo director o directora sea electo por méritos reales, no por amistades, compromisos políticos o lealtades personales.
La DACA no es cualquier división. En sus aulas y laboratorios se forman los profesionales que sostienen el futuro alimentario del estado. Allí se imparten carreras fundamentales como acuacultura, medicina veterinaria, agronomía e ingeniería en alimentos, disciplinas directamente vinculadas a las políticas productivas del país y a programas federales orientados al campo.


En una región donde la producción rural, la ganadería y la acuacultura son pilares económicos, poner al frente a perfiles sin la calidad académica suficiente sería un error histórico.
La división que define el futuro alimentario
El trabajo que se desarrolla en la DACA tiene implicaciones que van mucho más allá de la universidad. Sus egresados participan en proyectos vinculados con la producción de alimentos, el manejo de recursos naturales y la innovación agrícola.


En tiempos en que México busca fortalecer su soberanía alimentaria y promover programas productivos en el campo, la formación de especialistas en estas áreas resulta vital. La salud y la alimentación del estado dependen, en buena medida, del nivel académico que se construya en esta división.


Por ello, la elección de su dirección no debe ser una moneda de cambio ni un premio de consolación para grupos internos.
El nuevo liderazgo debe contar con formación académica sólida, trayectoria reconocida, experiencia administrativa y una propuesta clara para fortalecer la investigación, la docencia y la vinculación social.


Una comunidad fracturada
A la par del proceso de sucesión, dentro de la división también circulan denuncias preocupantes. Diversos profesores han manifestado sentirse acosados laboralmente, en un ambiente que dista mucho de la libertad académica que debería prevalecer en cualquier institución de educación superior.


Uno de los casos que más indignación ha generado entre el personal académico es el de una profesora con posdoctorado a quien, según denuncias internas, se le retiró su laboratorio, una decisión que no solo afecta a la investigadora, sino también al trabajo científico y a los estudiantes involucrados.
Si estos hechos se confirman, se trataría de una señal alarmante sobre el clima institucional que se vive en la división.
La universidad debe ser espacio de pensamiento crítico, no territorio de persecuciones administrativas.


La prueba de fuego del rector
Este proceso también se ha convertido en una prueba de fuego para el rector de la UJAT y para los órganos de decisión universitaria.
Durante años, distintos grupos de poder los conocidos cacicazgos universitarios han sido señalados por influir en designaciones clave dentro de la institución. La pregunta que hoy se plantea la comunidad académica es si finalmente se pondrá fin a esas prácticas o si continuarán bajo nuevas formas.


La renovación de la DACA representa una oportunidad para demostrar que la universidad puede caminar hacia la transparencia, la meritocracia y la verdadera democracia académica.
Si el proceso termina dominado por acuerdos de grupo, la señal será devastadora para la credibilidad institucional.
La universidad que Tabasco necesita
La Universidad Juárez Autónoma de Tabasco no es solo un centro educativo: es el alma mater de miles de jóvenes tabasqueños y una institución clave para el desarrollo del estado.
De sus decisiones depende en gran medida la formación de los profesionistas que impulsarán la producción agropecuaria, la seguridad alimentaria y el desarrollo rural.
Por eso, la elección en la DACA no puede ser un trámite menor.


La comunidad universitaria, los estudiantes y la sociedad tabasqueña tienen derecho a exigir un proceso limpio, transparente y basado en méritos.
Porque en esta elección no solo se decide quién dirige una división académica.
Se decide también qué tipo de universidad quiere ser la UJAT: una institución que se transforma o una que se resigna a repetir viejas prácticas.


El proceso apenas comienza. Y desde distintos espacios de análisis y opinión seguiremos atentos, observando cada paso.
La universidad pública —como cualquier institución que pertenece a la sociedad, debe rendir cuentas.
Y cuando sea necesario, también deberá ser señalada.

Compartir:

Facebook
Twitter
WhatsApp
Email

Continúa leyendo